martes, 8 de febrero de 2011

Retales de Confusión

Soledad.
Un simple conjunto de fonemas lo hacía estremecerse.
Gracias a ella se había convertido en lo que era hoy en día. Una marioneta: temeroso, escondido.
Se odiaba pero más la odiaba a ella.
Soledad.
Desde pequeño había sido la fuente de sus miedos, de su ira, de un rencor que nunca había experimentado ni experimentaría con nada más.
Nunca creyó que pudiese hacerle tanto daño.
Ahora, solo quería estar solo.
Las voces en su cabeza callarían solo con la muerte.
Sólo quería estar solo.
Meditó.
LLegó la muerte.
Era todo mentira. Todo aquello en lo que creía. No le dolió. No se arrepiente.No se echó atrás mientras la sangre teñía sus manos de un tono demasiado brillante para aquella habitación en penunmbra, no apartó la mirada.
.
.
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Mario asesinó a su madre, Soledad, de 43 años , mientras estas dormía. La condena fue menor. En el juició se determinó que los abusos que sufría por parte de la fallecida le habían causado un grave trastorno mental que había arrastrado desde pequeño.

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