Odiaba esperar...
desde las cosas mas cotidianas hasta las más trascendentales..
Desde esperar al autobús, en la cola del super o para renovar el dni.
Odiaba que le dijesen que aparecería la persona ideal, que era cuestión de esperar.
Odiaba a esas personas que creían que el mundo tarde o temprano cambiaría, que solo era cuestion de esperar...
Quizá tenía algo que ver también con esa maldita manía suya de no dormir, o hacerlo lo menos posible.
Perdía algunos minutos cada día en pensar el tiempo que perdíamos durmiendo doce horas diarias, esperando a que nos llamasen en vez de llamar nosotros, esperando a que nos preguntasen que queríamos en lugar de pedirlo sin más.
Odiaba esperar y lo odió más aún durante los primeros años.
Estaba ahí, a la vista, al alcance de cualquiera, como una de esos trocitos de fruta que te invitan a probar en el eroski.
Ni tan siquiera se podía permitir el lujo de tachar los días del calendario, de hecho, no tenía calendario.
Todos se sentaban al borde de la cama, para ellos símbolo inequívoco de proximidad, de confianza, para él protocolo sin más.
Contaban angustiados sus penas, intentado hacerle ver que todo el mundo tenía problemas.
A Eva la habían despedido, Carlos llevaba varios días sin funcionar en la cama, a Diego le habían robado la cartera,..
Y en el fondo, menos mal que estaban ellos para recordarle, que podía dar gracias por estar atado a una cama de un hospital durante todo ese tiempo, sino, a saber a cuantos monstruos se hubiese tenido que enfrentar en lo laboral, en lo sexual,..en la vida...
Y en el fondo, menos mal que nunca le había gustado esperar y conseguía no desperdiciar ni un segundo de esas conversaciones, conseguía aprovecharlas para narrarse historias a si mismo, para cambiar la decoracion de la habitación una otra vez mentalmente, para no quedarse quieto sin moverse de la cama.
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