martes, 30 de noviembre de 2010

Inexistencia

A veces desaparecía.
A veces sin querer, otras no tanto.
Se volvía tan invisible
que apenas ella misma era consciente
de su propia existencia,
de su inconsciencia.

En esos días en los que
a veces sin querer, otras no tanto,
olvidaba su Blackberry en casa,
se quedaba sin batería
o no encontraba cargador;
días en los que
salía demasiado exhausta del trabajo
demasiado cansada para cualquier plan
que no fuera el de no existir...
Es en ese punto en el que
el mundo se para.
Silencio.
Su conciencia por fin se calla.
Y espera, durmiendo,
aguanta sin vivir algo más de tiempo,
el necesario para permitirse una tregua.
Es en ese punto en el que
dejo de ser ella
y empieza a sentirse bien asi:
perdida, distante, callada, fria....
invisible.

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